Suscríbete

El pianista que se forja a sí mismo: Rafael Salvador Avilés

octubre 23, 2026

A los cuatro años, Rafael del Ángel Salvador Avilés encontró una batería en una tienda de Chetumal. La curiosidad infantil hizo el resto: se acercó, comenzó a golpearla y, poco después, sus padres lo llevaron a estudiar música. Aquello que comenzó casi como un juego terminaría convirtiéndose en una de las constantes de su vida. “Originalmente fui baterista. Tomé este instrumento por primera vez a los cuatro años, aunque luego me incliné por el piano”.

Hoy, Rafael vive en Mérida, donde estudia ingeniería biomédica en la Universidad Anáhuac, gracias a una beca de excelencia académica. Sin embargo, entre clases, proyectos y responsabilidades universitarias, también encuentra todos los días un espacio para sentarse frente al piano. La ciencia y la música, lejos de competir por su tiempo, han aprendido a convivir.

 

De los videos de internet a interpretar ante un público

Su historia como pianista comenzó de manera distinta. A los 13 años sintió curiosidad por el instrumento y empezó a aprender por su cuenta. No tenía un maestro ni una formación formal: buscaba en internet videos en los que las notas descendían sobre el teclado y, a partir de ahí, intentaba reproducir las obras en un pequeño teclado de 61 teclas.

Su primer gran reto fue también una declaración de intenciones: “La pieza con la que inicié mi viaje como pianista fue el tercer movimiento de la Sonata Claro de luna de Beethoven”. Después vendrían Bach, Debussy y Chopin, quien hasta hoy permanece como su compositor favorito. 

Durante cuatro años continuó aprendiendo de forma autodidacta. A los 17 años, conoció al maestro Mario Luciano Pech Rivero, quien le ayudó a pulir su técnica y a preparar su primer recital. Fueron seis meses de trabajo que culminaron con doce obras interpretadas en la Escuela Estatal de Música de Chetumal. “Lo recuerdo con mucho cariño. A pesar de estar nervioso por ser mi primera experiencia, me sentía feliz de poder compartir las emociones que me transmitía la música”. 

Rafael también ha descubierto la obra de compositores contemporáneos. Menciona al maestro Roberto Abraham, a quien conoció gracias al maestro Russell Montañez. “Tuve la fortuna de estrenar en noviembre de 2024 la obra Preludio 1 en el cierre de la compañía de Arte y Cultura de la Anáhuac. Esa obra me encantó”.

 

Las obras son historias que nos cuentan los compositores

Para Rafael, interpretar música no consiste únicamente en tocar correctamente una partitura; se trata de entender qué quiso contar el compositor y, al mismo tiempo, de encontrar la manera de expresar aquello que la obra provoca en quien la interpreta. “Me gusta entender las obras como historias que nos quieren contar sus respectivos compositores, emociones que sintieron y les hicieron pensar y componer. Es de las cosas que más me gustan de ser pianista: transmitir lo que quería transmitir el compositor y lo que a mí me hace sentir su obra”. Quizá por eso habla de la música como una montaña rusa de emociones. Le atraen las obras capaces de pasar de la energía a la calma, de lo romántico a lo intenso. 

 

Dos facetas de su vida que han logrado estar armonizadas

Su vida universitaria se ha desarrollado entre la ingeniería biomédica y las actividades artísticas. “Cada día le dedico por lo menos una o dos horas a tocar el piano; siempre encuentro tiempo para estudiar música mientras estoy en mis actividades como estudiante de biomédica”.

En el futuro se imagina como ingeniero biomédico, quizá trabajando en investigación, liderando equipos o incluso en la dirección hospitalaria, pero no piensa abandonar la música. Le gustaría continuar estudiando, preparar obras y, eventualmente, ofrecer conciertos.

Entre sus principales objetivos está lograr un intercambio académico en Alemania. “Alemania es líder tanto en el desarrollo tecnológico de la salud como en el desarrollo de las artes y la música. Por eso aspiro a una beca de intercambio en ese país”.

 

 

Enfrentar los miedos y aprovechar las oportunidades

Rafael habla de las oportunidades como algo que debe buscarse y aprovecharse, de los errores como parte inevitable del aprendizaje y del miedo como algo que no puede convertirse en un freno. “Si quieres realmente lograr algo, lo importante es no desmotivarte cuando las cosas no salen como quieres. Sigue intentando, sigue buscando oportunidades”. Reconoce que, detrás de cada logro, está el esfuerzo de su familia. “Mi familia siempre ha hecho grandes esfuerzos y sacrificios para apoyarme. Su apoyo es irreemplazable.”

 

La disciplina para forjarnos a nosotros mismos

La música llegó a Rafael primero como un juego, después como una búsqueda y, finalmente, como una forma de entender y transmitir emociones. Quizá esa sea la lección más interesante de su historia: no existe un camino único para convertirse en artista, ni una edad determinada para comenzar. A veces basta con encontrar algo que despierte curiosidad, dedicarle tiempo y tener la disciplina suficiente para seguir cuando las cosas no salen como uno espera.  Haciendo esto, quizá podremos, como Rafael, forjarnos a nosotros mismos.

 

Por David Montañez.

 

 

¡Visita la edición 54 de Escena!

 

Suscríbete

Recibe actualizaciones, eventos y noticias importantes de actividades culturales en Yucatán