La decimoprimera edición del Fashion Show Anáhuac Mayab confirmó que la moda, en manos de quienes apenas comienzan a forjar su voz, puede convertirse en uno de los lenguajes más honestos..
La noche del martes, 28 de abril, el Centro de Convenciones Yucatán Siglo XXI se transformó en el escenario de una propuesta que difícilmente podría reducirse a una sola categoría. La decimoprimera edición del Fashion Show Anáhuac Mayab presentó Zamsara, una colección cuyo nombre anticipa un tránsito entre la ruina y la posibilidad de renacer.
Más de 600 asistentes presenciaron los 91 looks que dieron forma a esta propuesta prêt-à-couture para la temporada otoño-invierno 2026. Detrás de cada silueta se encontraba una construcción colectiva de 50 estudiantes de la Escuela de Diseño de la Universidad Anáhuac Mayab: 47 de la Licenciatura en Diseño de Moda e Innovación y 3 de la Licenciatura en Diseño Industrial, quienes decidieron utilizar el diseño como una forma de interpretar el tiempo que les corresponde habitar.
El nombre como primer acto creativo
La organización, dirección creativa y coordinación general del desfile fueron desarrolladas por el propio equipo estudiantil, acompañados por la asesoría de siete docentes de la Universidad Anáhuac Mayab, quienes guiaron el proceso para convertir una idea conceptual en una experiencia escénica tangible. Más que un concepto estético, Zamsara se planteó como una declaración de principios. Inspirada en un futuro distópico marcado por el colapso de los sistemas tradicionales, la colección imaginó el surgimiento de una subcultura creativa que utiliza la indumentaria como herramienta de expresión, de protesta y de reconstrucción.
La propuesta dialogó con la tendencia internacional F/W 26-27 Preserve, que explora la tensión entre la memoria cultural y la innovación tecnológica. Desde esa perspectiva, las prendas funcionaron como artefactos de supervivencia estética: chaquetas acolchadas, envolventes y tipo bomber, sudaderas y pantalones de volumen amplio, blusas asimétricas y vestidos fluidos que transformaban el cuerpo a través de la forma. Capuchas, capas y accesorios corporales reforzaban la idea de protección e identidad frente a un entorno hostil.
La colección se presentó en tres actos, cada uno acompañado de un fashion film que extendió la narrativa conceptual. Estos fueron desarrollados por estudiantes de Diseño de Moda e Innovación que integran el comité organizador del Fashion Show Anáhuac Mayab. Las piezas audiovisuales fueron realizadas en colaboración con Kobler y con la producción de imágenes editoriales de Carlos Rubio.
Una paleta que habita entre la decadencia y el destello
En Zamsara, el color dejó de ser un elemento ornamental para convertirse en un discurso. La colección se construyó sobre una base de tonos terrosos y neutros, como el gris brezo, el beige macadamia y el café tostado, intervenidos por destellos metálicos dorados y plateados, así como por la irrupción del naranja quemado. Los acentos en amarillo y azul aparecieron con precisión, como señales de vitalidad que perduran incluso en medio de la devastación.
La selección de materiales mantuvo la misma narrativa. Textiles orgánicos convivieron con acabados tridimensionales, cortes láser, transparencias y superficies desgastadas, lo que propició un equilibrio constante entre lo estructural y lo etéreo, entre la crudeza y la sofisticación. La escenografía, por su parte, generó una sensación de refugio temporal, casi como si la pasarela existiera dentro de una estructura improvisada tras el colapso.
Más allá de la pasarela: un propósito que trasciende
Zamsara no se limitó al ejercicio creativo. El desfile también se articuló como un acto de compromiso social. El evento se realizó a beneficio de Casa Otoch, un centro de asistencia social del Sistema DIF Yucatán dedicado a la atención integral de niñas, niños y adolescentes en situación de vulnerabilidad. El evento funcionó como un puente tangible entre el diseño y la responsabilidad colectiva.
El significado de un número
Más allá de la pasarela, el proyecto dejó ver algo más profundo sobre la escena emergente de la moda en Yucatán. La Universidad Anáhuac Mayab no sólo está formando diseñadores; también está impulsando nuevas generaciones de creativos capaces de comprender la moda como una herramienta cultural, social y narrativa. En ese sentido, Zamsara funcionó no sólo como colección, sino también como síntoma de una juventud que entiende el diseño como una forma de interpretar su tiempo.
Zamsara no buscó únicamente vestir. Buscó provocar, cuestionar y permanecer en la memoria. Como todo manifiesto auténtico, su fuerza reside en aquello que continúa resonando incluso después de que las luces se apagan.

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