Más que un formato, un símbolo cultural
La música tiene muchas formas de ser experimentada, pero pocas han demostrado la longevidad y la resiliencia del disco de vinilo. En México, la historia de este formato es un reflejo de su propia cultura musical. Una narrativa que comenzó hace casi un siglo y que, tras sortear la era del casete y la revolución digital, vive hoy un impresionante resurgimiento que cautiva a personas de todas las edades.
La llegada del vinilo a México se remonta a la década de 1930, cuando la compañía RCA Victor introdujo el primer vinilo comercial de larga duración (LP). Este invento no fue sólo una mejora técnica, fue el catalizador que permitió a los artistas condensar más música y desarrollar álbumes conceptuales, cambiando para siempre la forma en que se consumía y se distribuía la música en el país.
El vinilo se afianzó rápidamente en el panorama musical mexicano, estableciendo las bases para la difusión de géneros que definirían al país. En la década de los cincuenta el formato se convierte en el medio predilecto para la explosión del rock and roll. Aunque el género era inicialmente clandestino o importado, el vinilo fue el vehículo que permitió que estas nuevas influencias, provenientes principalmente de la frontera con Estados Unidos y la capital, calaran hondo en la juventud mexicana.
Ya en la década de los 70, la hegemonía del vinilo enfrentó su primer gran desafío con la popularización de formatos más portátiles y económicos: las cintas de ocho pistas y, sobre todo, los casetes. Las ventas del disco comenzaron a disminuir, anticipando un eclipse.
El golpe final llegó con la masificación de la música digital, primero con el Compact Disc (CD) en los años 80 y 90, y luego con las descargas e streaming en el nuevo milenio. El vinilo se retiró del mercado masivo, relegado a los coleccionistas más devotos.
Sin embargo, en las últimas décadas la historia del vinilo ha dado un giro espectacular. Lejos de ser un formato obsoleto, ha experimentado un auge inesperado. Este resurgimiento se debe a una mezcla de factores: la superioridad percibida en la calidad de sonido analógico y su atractivo intrínseco como objeto de colección. Para el melómano moderno, el vinilo ofrece algo que los archivos digitales no pueden: un ritual de escucha. Abrir la funda, colocar el disco en el plato, bajar la aguja y deleitarse con la portada en gran formato transforma el acto de escuchar en una experiencia tangible y cultural.

La industria del vinilo en México ha evolucionado a la par de este interés, pasando de una fuerte producción local a una dinámica donde la importación de vinilos de todo el mundo, junto con el crecimiento de pequeñas y medianas prensas, alimenta el mercado. Hoy, el país cuenta con vibrantes tiendas especializadas y eventos que son un testimonio de esta renovada pasión.
Un factor crucial en la consolidación de este auge es el Día Mundial de las Tiendas de Discos, que se celebra cada tercer sábado de abril. Creado en 2008, este evento nació con la misión de apoyar a las tiendas de discos independientes y fomentar la compra de música en formato físico. Esta jornada se ha convertido en una festividad global para los amantes de la música, atrayendo a coleccionistas veteranos y a una nueva generación de oyentes. Durante este día, las tiendas lanzan ediciones exclusivas y de colección, organizan conciertos, firmas de autógrafos y promociones especiales.
Artistas de talla internacional, como Paul McCartney, Metallica y Foo Fighters, han participado con lanzamientos limitados, lo que subraya la relevancia de la fecha. Incluso el músico mexicano Benny Ibarra publicó en días pasados la edición en vinilo de su más reciente producción como solista, “Nacer una vez más”, que no deja de promover emocionado. El cantante comenta que, aunque vivió la época de los acetatos con Timbiriche, nunca lo hizo en sus producciones como solista.
Gracias al Día Mundial de las Tiendas de Discos, que resalta la importancia de las tiendas locales como centros de difusión musical, el vinilo ha recuperado una popularidad significativa en México y alrededor del mundo, demostrando que su lugar en la cultura no es sólo histórico, sino perenne.
En resumen, la trayectoria del vinilo en México es una prueba de adaptación y resiliencia. Ha pasado de ser una tecnología de punta a un medio que busca consolidarse como un formato musical apreciado y un valioso símbolo de la cultura y la historia musical del país.

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