Recomendaciones para este mes de febrero
El cine no sólo proyecta imágenes, sino que también refleja nuestras propias emociones. A lo largo de los años he visto decenas de películas, ya fuera en una sala de cine, en los canales de televisión abierta, en plataformas o en formatos físicos: primero en Beta para luego pasar al VHS, DVD y Bluray. Y siempre, mis géneros favoritos han sido la ciencia ficción, el misterio y la comedia romántica. Este último fue un gusto que le heredé a mi hija, hoy de 31 años, con quien desde su adolescencia compartí maratones en casa. Es en ese mismo hogar en donde, hasta hoy, conservo una selecta colección de películas en DVD y Bluray, para ver cuantas veces se me antoje y sin tener que revisar si las plataformas a las que estoy inscrita las tienen liberadas para poder disfrutar de ellas en mi pantalla de televisión.
Esta columna me motiva este mes a recomendarles algunas de esas producciones que me marcaron y que, incluso cuando daba clases de bachillerato, recomendaba a mis alumnos, al igual que a mis amigos y familiares. No son todas las que me gustan, pero sí las que me dan una muestra de las mil y una maneras en que el amor, el cariño y la amistad se pueden manifestar aún hoy en día en este mundo caótico que vivimos. Desde el sacrificio silencioso hasta la pasión que desafía convenciones sociales, estas producciones cinematográficas nos enseñan que no existe una sola forma de amar.
La primera es Becoming Jane, protagonizada por Anne Hathaway y James McAvoy (2007), historia basada en la biografía de Jane Austen, la escritora inglesa que, este 2025, está cumpliendo 250 años de su natalicio. Famosa por sus obras Orgullo y Prejuicio, Emma y Sensatez y sentimiento, entre otras, Jane marca sus novelas con pasajes que ella mismo vivió en una época donde no era bien visto que una mujer quisiera ser independiente y vivir de su arte, y, mucho menos, querer unirse a un hombre por amor, si no había beneficio económico de por medio.

Si eres amante de los libros de Austen, no puedes perderte esta película que retrata un amor marcado por el ingenio y la melancolía de “lo que pudo ser”. La cinta nos recuerda que, a veces, el cariño más profundo se expresa a través del respeto mutuo y la renuncia, transformando el dolor personal en arte literario eterno.
Otra película es Caramelo, premiada en el 2007 en los festivales de cine de Toronto, San Sebastián, Cannes y el Internacional de Medio Oriente. La historia transcurre en un salón de belleza libanés donde cinco mujeres nos acercan a su vida cotidiana en Beirut. Nadine Labaki (directora y actriz principal) interpreta a Loyale, una mujer que permanece alejada de las buenas costumbres musulmanas.
Al lado de sus compañeras de trabajo y fieles clientes, la protagonista nos abre al mundo que viven las mujeres libanesas de esos años. Es una historia donde se siente la calidez de la amistad femenina y el cariño se manifiesta en la complicidad, en el apoyo incondicional ante los desengaños y en la capacidad de las mujeres de crear refugios seguros en entornos convulsos.
En Comer, beber, amar, dirigida por Ang Lee y nominada al Oscar como mejor película extranjera en 1994, el personaje de Chu es un experimentado chef de Taipei, viudo y padre de tres mujeres, que tienen una inclinación casi innata por la rebeldía. Un día cualquiera, tras la llegada de una nueva vecina quien, al igual que Chu es viuda pero malhumorada, Jen Chien y Ning se encuentran en circunstancias que pondrían a prueba su actitud. Humor, esperanza, depresión, amor y muerte son los elementos que el director Ang Lee utilizó para lograr este gran acercamiento al mundo sensible de la mujer.
En esta película, el amor familiar no se dice, se cocina. Cada banquete dominical es un acto de amor complejo, donde las tensiones se disuelven entre platos elaborados, demostrando que cuidar del otro es, ante todo, nutrirlo.
Un filme que me marcó y que hasta el día de hoy me hace decir la frase que lleva el título de esta producción cuando me despido de algún ser querido es Nunca te vayas sin decir te quiero.
Ganadora del Festival de Berlín en 1998, es protagonizada por Isabella Rossellini, Maximiliiam Schell, Marianne Sagebrecht y Chaim Topol, y se sitúa en Antwerp, Bélgica, a principios de los años 70.
Chaja, la protagonista, es una joven estudiante de filosofía que se mantiene por sí misma trabajando en varios sitios y asistiendo a la Universidad, vida un poco complicada por la difícil relación con sus padres, ambos sobrevivientes de los campos de concentración. Un amigo de la familia le encuentra un trabajo como niñera de los tres hijos de una familia judía ortodoxa. Simcha, de cinco años de edad, no habla pero tiene un travieso encanto que le robará el corazón de inmediato a Chaja, quien tiene que vivir los obstáculos y prejuicios de esa familia. A través del amor que existe entre ellos, Chaja aprende a aceptar y respetar una cultura llena de tradiciones. Aquí, el afecto se manifiesta como una urgencia de cierre, una lección sobre la importancia de expresar lo que sentimos antes de que el tiempo nos arrebate la oportunidad.
Querido Frankie llegó de manera inesperada a mi vida para convertirse en una de mis películas favoritas hasta el día de hoy. Descubrí de casualidad un corto en YouTube y no descansé hasta conseguirla en DVD en una sucursal de la Carfebrería El Péndulo, en la Ciudad de México.
La película está protagonizada por Emily Martimer y Gerard Buttler, cuando aún no era conocido en Hollywood y antes de convertirse en la estrella que es hoy. Es una conmovedora historia en la que una madre, Lizzie, ayuda a su hijo Frankie a superar el abandono de su padre, escribiéndole en secreto cartas en las que se hace pasar por el padre y en las que describe increíbles aventuras a bordo de un enorme buque.
Sin embargo, atrapada en la mentira cuando el buque, que en realidad si existe, va a llegar al puerto escocés donde ella vive temporalmente con su madre e hijo, Lizzie se ve en la necesidad de contratar a un atractivo extraño para que se haga pasar por el papá.
Otra historia que me encantó desde la primera vez que la vi es Sabah, de Ruba Nadda. Sabah es canadiense, pero con los rasgos de una mujer musulmana con 40 años de edad. Vive en un entorno familiar absorbente y dominado por su hermano y su madre, por lo que, buscando liberarse, compra en secreto un traje de baño y va a una alberca bajo techo donde conoce a Stephen, un hombre comprensivo, pero que no es musulmán.
La atracción entre ambos, nada aceptada por el hermano de Sabah, altera su vida y ocasiona un cambio radical en ella, física y anímicamente. En Sabah vemos el choque entre la tradición y el deseo personal, donde el cariño actúa como un puente que desafía prejuicios culturales. Es una oda a la valentía de amar fuera de los márgenes establecidos.

Finalmente, recomiendo la película mexicana La vida inmoral de la pareja ideal, de Manolo Caro. Lucio y Martina se conocen en la prepa y, como tienen una química tremenda entre ellos, deciden comerse al mundo sin imaginar que el destino y la sociedad les tendrán preparada una sorpresa que los separará. 25 años después, serán los mismos juegos de la vida los que los harán reencontrarse en circunstancias muy diferentes. A través de la nostalgia y la música, este filme explora como los primeros vínculos moldean nuestra identidad adulta y cómo, a pesar de los años, la chispa de una conexión verdadera nunca se apaga del todo.
En conclusión, desde el drama histórico hasta la comedia contemporánea, estas siete películas nos invitan a reflexionar sobre nuestra capacidad de entrega. Ya sea a través de un plato de comida, una carta escrita con seudónimo o un encuentro casual años después, el cine nos confirma que el amor es el único idioma que no necesita traducción.

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