El alma peninsular vuelve a reunirse en torno al arte, la palabra y la armonía. En su cuarta edición, el Festival PáayT’aan – La Cita 2025: Conciliación regresó del 24 al 30 de noviembre para festejar una semana de encuentros donde el arte se vuelve un puente, la música un lenguaje común y la comunidad un cuerpo vivo que respira identidad.
Más que un festival, PáayT’aan —“la palabra que se ofrece” en lengua maya— se ha consolidado como un espacio de resonancia simbólica y diálogo entre mundos. Un lugar en el que convergen lo ancestral y lo contemporáneo, lo local y lo universal, lo humano y lo más que humano.
Conciliación: el arte como acto de encuentro
El eje curatorial de esta edición propuso la conciliación como gesto, como búsqueda y como necesidad. No se trata de reconciliar lo que fue separado, sino de imaginar nuevas formas de coexistencia entre diferencias. Conciliar no es suavizar los contrastes, sino reconocerlos y hallar en ellos la posibilidad de una armonía más profunda. En tiempos marcados por el ruido y la fragmentación, PáayT’aan convoca al silencio fértil del diálogo, a la escucha atenta, a la palabra que se ofrece para construir comunidad.
Cuatro movimientos hacia la Conciliación
El corazón escénico del festival fue el Concierto “Conciliación”, una obra concebida en cuatro movimientos que transita desde el caos primordial hasta el reencuentro de los mundos. Inspirada en cosmovisiones diversas —de la cábala luriánica al Popol Vuh maya, del pensamiento taoísta a la filosofía contemporánea—, esta creación interdisciplinaria combina música, danza, voz y proyección visual en un viaje sonoro y espiritual.
– Tsimsum, el momento en que la divinidad se contrae para dar lugar a la existencia.
– Hurakán, las tres grandes voces del Popol Vuh invocan el trueno, el relámpago y la palabra creadora.
– Nosotros Alíi, el encuentro entre otredades, celebra la pluralidad de voces, de cuerpos y de lenguajes.
– Año She-Kaan, la serpiente, símbolo de sabiduría y renovación, enlaza lo celeste y lo terrestre.
Interpretado por el Ensamble Suut/Caravansérail, el concierto se presentó en el Palacio de la Música de Mérida el 27 de noviembre, integrando artistas de Francia, México y comunidades mayas.

Conversatorios, experiencias y exposiciones: una constelación viva
A lo largo de la semana, el festival desplegó una serie de conversatorios titulados: “La familia yucateca”, “Las industrias culturales: sentido e identidad” y “Memoria, repatrimonialización y decolonización”. Cada diálogo reunió a académicos, artistas y pensadores del ámbito local e internacional, creando un mapa plural del pensamiento contemporáneo.
Además, experiencias inmersivas, recitales poéticos y pequeños conciertos en Izamal, Komchén y Ticopó ofrecieron momentos de intimidad, celebración y descubrimiento. Las exposiciones visuales dieron cuerpo a la memoria colectiva, tejida entre color, altar y territorio. Entre ellas destacó la exposición fotográfica Día de Muertos: Ritos & Tradiciones, curada por Leila G. Voight, que se inauguró el 26 de noviembre a las 11:00 a.m. en los andenes centrales de la UNAY. Organizada en colaboración con Arte & Cultura del Centro Ricardo B. Salinas Pliego, rinde homenaje visual a los rituales, símbolos y sensibilidades que conforman una de las celebraciones más profundas del alma mexicana.
Asimismo, el 27 de noviembre, la Fundación La Cúpula albergó la exposición colectiva Entre Fronteras, una muestra que explora los límites —visibles e invisibles— que separan y a la vez conectan identidades, cuerpos y territorios. Esta exposición dialoga directamente con el conversatorio “Las industrias culturales: sentido e identidad”, tejiendo una reflexión conjunta sobre arte, economía simbólica y pertenencia.
Una cita con el alma peninsular
El Festival PáayT’aan no es sólo un evento, es una cita con el alma, una pausa en el vértigo del tiempo para escuchar lo que la tierra, la voz y la música aún tienen para decirnos. Desde Yucatán, el festival propone una reconciliación con nuestras raíces, con los otros y con nosotros mismos. Conciliar es recordar que la belleza puede unir lo que parecía roto y que el arte, en su forma más pura, es siempre un acto de cuidado y esperanza.


¡Visita la edición n.° 44 de Escena!





