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Fomento a la lectura, febrero 2026
febrero 16, 2026

El ferrocarril de antes 

 

 

Los fierros del antiguo tren quedaron abandonados en la península de Yucatán. Se decía que sobre ellos sería construido el nuevo ferrocarril, el Tren Maya, pero lo cierto es que la vía fue puesta en otros espacios, sobre la selva. Donde antes pasaba el tren, ahora hay maleza.

Los vecinos de las estaciones de antaño esperaban que el Tren Maya les trajera los viajes del pasado, cuando se subían al ferrocarril y los dejaba en algún pueblo cercano. Querían volverse a subir al mismo tren donde vendían empanadas, panuchos y salbutes, al que permitía recorrer la península acompañados de sus recuerdos.

Junto a las rieles los niños jugaban. Dejaban que las ruedas del ferrocarril aplastaran corcholatas y monedas. Sus madres y abuelas les gritaban: “¡ahí viene el tren!” y salían corriendo cuando se acercaba.

El tren de antes olía a humo, las ventanas abiertas dejaban pasar el combustible quemado y los rostros de los pasajeros quedaban ennegrecidos. Pasaba junto a ciudades, pueblos y milpas, en ocasiones aplastaba a alguna vaca que pastaba por la zona.

El Tren Maya llega como un símbolo de modernidad y progreso, de lo que le llaman desarrollo, pero ¿dónde queda el arraigo y la identidad? Junto a las selvas taladas, junto a los cenotes derrumbados, también la memoria fue arrasada por el nuevo ferrocarril. Los recuerdos quedaron bajo las vías del olvido.

 

 

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Todos escuchamos cuando comenzó. 

Fue esa noche de julio que a ninguno de los que vivimos en el pueblo se nos va a olvidar. Esa semana comenzó a sentirse más fuerte la canícula. Me acuerdo por los casos de golpes de calor que llegaron al consultorio en cantidades alarmantes: en cuestión de unos pocos minutos a la intemperie, pacientes desorientados, deshidratados, con fiebres inusuales y vómitos; a la hija de don Encarnación, el apicultor, me la trajeron a la clínica convulsionando. Claro que en ese momento nadie de nosotros imaginó que lo que tenía la niña estaba ligado con lo que después iba a pasar. Tampoco pensamos en todos los eventos que fueron presentándose días antes, hasta que estalló todo. La verdad es que hasta se nos olvidó cuando vimos la nube negra envolver poco a poco el parque, el mercado, el palacio de gobierno, la panadería, todo. El anuncio de que por fin iba a caer el aguacero. 

Nos quedamos esperando, pero fue hasta las cuatro de la tarde que comenzó apenas una pobre llovizna que no pasó a mayores y lo único que hizo fue despertar el calor de la tierra. El ambiente se puso muy raro, se levantó una especie de neblina pesada y densa. Se alcanzaba a ver al sol de un color rojo intenso, bajando entre las cortinas de niebla y calor. Esa niebla espesa duró tres días. 

Apenas cayó la noche del tercer día vino ese ruido infernal que inició todo, unos dicen que era como un enjambre, pero yo creo que eran distintos ruidos, provenientes de muchos animales, aves, monos, reptiles, insectos, todos al mismo tiempo. Sólo sé que nunca habíamos escuchado algo así. Era como si la selva, desde sus profundidades diera un rugido de muerte. 

 

INFORMACIÓN DEL LIBRO 

Nombre del libro: Sueños y apariciones      
Editorial: Libros del Marqués – Textofilia

Lugar para adquirirlo: Biblioteca José Martí ó Amazon (ENLACE DE COMPRA: https://www.amazon.com.mx/Sue%C3%B1os-y-apariciones-Samia-Farah/dp/6078892894

 

REDES SOCIALES AUTORA

INSTAGRAM: @sam.farah_

FACEBOOK: Samia Farah – pintura y gráfica 

CORREO ELECTRÓNICO: samia_farah@hotmail.com

 

 

Club del libro

Papiro Campestre

 

 

El primer club del libro se fundó en la ciudad de Mérida lleva realizando sesiones mensuales ininterrumpidamente desde hace 48 años.

La pasión por la lectura de sus miembros ha logrado que durante casi medio siglo funcione este club, que tiene entre sus objetivos el de adquirir e intercambiar libros, para que después de su lectura se escuchen opiniones y, sobre todo, las emociones que la lectura deja en sus participantes.

Otra de las acciones que distinguen al Club Papiro Campestre es la de ofrecer desde su inicio funciones, conferencias con diversos escritores y conferencistas de la ciudad, siendo algunas de ellas las de los autores Marco A. Almazán, José Díaz Bolio o Aida Marín de Molina.

Realizan reuniones mensuales en el local que les proporciona el Club Campestre de Mérida, en donde les asignaron un espacio para la guarda de sus amados libros.

 

Informes:

Pueden comunicarse las interesadas al teléfono de Laura Elena Rosado Rosado, actual presidenta del club: 9999 700932

 

 

¡Visita la edición n.° 46  de Escena! 

 

 

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