La experiencia sonora de Roberto Abraham
Los conciertos con música de Roberto Abraham siempre nos elevan unas horas por encima de la realidad para envolvernos en una esfera distinta, logrando lo que cada día es más difícil: desconectarnos de todo para reencontrarnos a nosotros mismos y con algo mayor. Este último concierto, sin embargo, tuvo incluso una fuerza adicional: fue un concierto con música que estará disponible en una afinación de 432 hercios.
El concierto de Secuencias Camerata 29 fue organizado por la Orquesta de Cámara de Mérida, en conjunto con Cultura Yucatán A.C., y estuvo dedicado a obras de J. S. Bach y de Roberto Abraham, en una presentación en el Palacio de la Música, bajo la dirección del maestro Russell Montañez Coronado. La velada contó, además, con talentos como el pianista Jorge Alberto Medina López, la soprano Mariana Echeverría y el Coro de la Ciudad de Mérida, dirigido por la maestra Nidia Góngora Cervera.
Música, intención y frecuencia
Las cuatro composiciones presentadas del maestro Abraham no fueron únicamente una experiencia estética, sino una invitación a escuchar desde otro lugar. A percibir la música no solamente como entretenimiento o virtuosismo técnico, sino como una vibración capaz de modificar el estado emocional de quienes la escuchan.
En tiempos en los que el ruido cotidiano domina cada espacio de la vida moderna, pocas propuestas artísticas apuestan por la introspección y la conexión emocional profunda. Roberto Abraham ha decidido recorrer precisamente ese camino. Su obra, reconocida en distintos escenarios internacionales, ha comenzado a desarrollar una línea de composiciones místicas que exploran la relación entre música, intención y frecuencia. “Me da mucha emoción que se presenten mis obras junto a las de Bach, aquí en el Palacio de la Música”, expresó el compositor yucateco.
El programa incluyó piezas para piano, orquesta y coro, así como el estreno mundial de Al Ángel, una obra descrita por el propio compositor como parte de una nueva línea de creaciones espirituales y contemplativas. Originalmente concebida para piano, la pieza fue presentada ahora en un formato expandido gracias al arreglo y la coproducción de Jorge Medina López, integrando coro y orquesta de cámara. “Esta obra está dedicada a los ángeles, a un ángel en especial”, señaló Abraham.

La velada también incluyó la interpretación de Fantasía Impromptu, una obra de coautoría entre Roberto Abraham, Jorge Medina y David Silva, basada en una composición original para piano del propio Abraham. El maestro Russell Montañez describió esta propuesta como “una nueva forma de composición que busca elevar conciencias y sanar corazones”. También destacó que las composiciones recientes de Abraham “se han hecho en la frecuencia basada en 432 hercios, alineada a las vibraciones de la Tierra, además de la intención elevada y el uso de frecuencias de sonido especiales y místicas”.
Esa combinación entre música, intención y experiencia sensorial es justamente el núcleo de la propuesta artística que Abraham impulsa actualmente. No se trata solamente de escuchar una obra musical, sino de construir un espacio emocional distinto, donde el público pueda entrar en una pausa interior. “Este es un concierto que demuestra la plenitud de lo que estoy promoviendo a nivel mundial: una resonancia basada en 432 hercios, tomando como referencia la nota central que sirve de base para la afinación de los instrumentos, para poder hacer intención, música especial, frecuencias y vibraciones especiales”, explicó el compositor.
La experiencia inmersiva buscará ser replicada en Mérida
Abraham también adelantó que esta visión continuará desarrollándose en futuros espectáculos. Entre ellos, un nuevo concierto en Mérida que buscará replicar la experiencia inmersiva presentada recientemente en Europa, en particular en Lituania, donde el uso de luces, arquitectura y sonido generó una atmósfera multisensorial. “Vamos a replicar un poco la visión de luces y frecuencias de luz que se presentó en Lituania el año pasado”, comentó Abraham, “además de que este año ya nos contrataron para repetir tres conciertos en Lituania, uno en Londres y dos en Estrasburgo, en Francia. Además, interpretarán dos obras mías para orquesta en la Abadía de Valmagne, en el sur de Francia”.
Esta proyección internacional confirma la consolidación artística del compositor Roberto Abraham, cuyas piezas ya han sido interpretadas en distintos países de Europa, Asia y América.
Quizá lo más significativo de la noche fue la sensación compartida entre los asistentes: la percepción de haber vivido un concierto distinto. Uno que logró algo cada vez más escaso en el mundo contemporáneo: detener por un instante la velocidad de la vida cotidiana y recordar que la música, cuando trasciende la técnica, puede convertirse también en refugio.

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