En el centro histórico de Mérida, entre muros que han sido testigos de siglos de transformación, el Ateneo Peninsular abre nuevamente sus puertas, esta vez como sede de uno de los proyectos museísticos más significativos del sureste mexicano: “Por las vías del salvamento, sendero del tiempo”, el Museo del Tren Maya. Este espacio, que alguna vez fue casa del obispo y después seminario, cuartel de luchas feministas y bastión de pensamiento liberal, acoge hoy una exposición donde el patrimonio arqueológico y la historia viva se entrelazan con tecnología y accesibilidad.

El alma del museo: el salvamento arqueológico del Tren Maya
La arqueóloga Nadia Ivette Sosa Martínez, encargada del museo, nos compartió en una entrevista que ella misma participó en los trabajos de campo del salvamento arqueológico, realizados en los siete tramos del Tren Maya. “Nunca había existido un proyecto de esta magnitud en el país”, comenta con orgullo. El museo es una respuesta a la necesidad urgente de preservar, analizar y divulgar los hallazgos de este megaproyecto, muchos de los cuales estuvieron a punto de perderse bajo el peso de la modernidad.
En las salas del museo conviven piezas prehispánicas y coloniales que abarcan distintos momentos de la historia peninsular. Desde objetos de uso cotidiano, como vasijas utilizadas para beber chocolate, hasta instrumentos ceremoniales, como trompetas talladas en concha marina, cada pieza cuenta una historia que resuena con las voces del pasado. Destacan, entre ellas, vasijas decoradas con glifos mayas que hacen referencia a un personaje enigmático: un sajal. Este término designa a un exclamador o portavoz, una figura de la nobleza maya encargada de anunciar las decisiones del gobernante al pueblo; una especie de mensajero político y ceremonial. Gracias a la escritura jeroglífica, sabemos que estos personajes desempeñaban un rol clave en la estructura del poder maya. Muchas de estas piezas, halladas en contextos funerarios, fueron rescatadas y restauradas con extremo cuidado por especialistas, logrando preservar no sólo su materialidad, sino también las narrativas que portan.

Un museo pensado para todos
Una de las virtudes más notables del nuevo museo es su compromiso con la inclusión. Las salas están equipadas con estaciones audio táctiles, textos en braille, réplicas accesibles al tacto y recursos que buscan fomentar la empatía hacia las personas con discapacidad visual. Como explica la curadora, “este mundo está más diseñado para la gente normativa. Intentamos colocar al público en los zapatos de alguien más”.
Esta visión incluyente no sólo se limita a la accesibilidad física, sino que también llega a la forma en que se narra la historia: desde la cosmovisión maya hasta el impacto del mundo colonial, desde los silencios impuestos por la conquista hasta las voces feministas del siglo XX que resonaron en este mismo edificio.

Un pasado con muchas capas
Durante la segunda parte del recorrido y entrevista, el historiador y divulgador Patricio Rivas nos sumergió en una etapa más reciente —aunque no menos impactante— de la historia, ofreciendo un relato vibrante que enriqueció la entrevista y conectó el pasado. El Ateneo Peninsular fue escenario de múltiples batallas ideológicas: fue apropiado por los constitucionalistas en tiempos de Felipe Carrillo Puerto, quien buscó marcar el inicio de una nueva era socialista y progresista. No es casualidad que el corredor principal se llame hoy Paseo de la Revolución.
Aquí también nació la segunda Liga Feminista de América Latina. Desde las aulas de Rita Cetina hasta los discursos de Elvia Carrillo Puerto y Rosa Torre —primeras diputadas y presidentas municipales del país—, este espacio guarda una memoria feminista que sigue viva, aunque pocas veces visibilizada.

Una ciudad dentro de otra
El museo, aún en crecimiento, revela que Mérida no sólo fue construida sobre la piedra de antiguas pirámides mayas, sino también sobre las capas superpuestas de luchas sociales, proyectos de nación y vidas cotidianas. “Todo este edificio está hecho con piedras que alguna vez fueron sagradas para los mayas”, dice Rivas. “Cuando caminamos por aquí, en realidad caminamos sobre las huellas de miles de años de historia”.
Próximamente se espera la habilitación de otras salas. La apertura oficial del museo ocurrió el 26 de abril, pero sus posibilidades apenas comienzan a desplegarse. Actualmente, abre sus puertas de martes a domingo, en un horario de 10:00 a 14:00 horas, y la entrada es gratuita mediante un sencillo registro previo en el sitio.

Un museo en movimiento
Como la historia que resguarda, el museo mismo está en constante transformación. No sólo documenta el pasado, sino que lo revive con sensibilidad y rigor. El Museo del Tren Maya no es un punto de llegada, sino una estación de tránsito hacia una conversación más profunda sobre nuestro pasado y futuro. Un espacio donde la arqueología, la historia y la memoria se encuentran con la inclusión, la divulgación y la emoción de redescubrir lo que alguna vez fuimos, y aún somos.



