Una guía rápida para colaborar desde el respeto y la creación compartida
La Península de Yucatán es uno de los territorios culturales más vibrantes del continente: su gastronomía es reconocida internacionalmente, su arquitectura forma parte del patrimonio de la humanidad y sus artesanías (del bordado en punto de cruz a la cantería) se exhiben en revistas, museos y documentales. En años recientes, este universo vivo ha despertado un interés creciente entre artistas, diseñadores y emprendedores, impulsando colaboraciones que buscan dialogar con la tradición. Sin embargo, no todas prosperan: persisten historias de abuso, apropiación y procesos construidos sin sensibilidad cultural.
En este contexto surge una pregunta clave: ¿cómo colaborar de manera ética y respetuosa con las y los artesanos? Esta guía reúne principios esenciales para quienes desean vincularse con comunidades artesanales desde los ámbitos turístico, cultural o creativo.
Un cambio de mirada
“Primero que nada, debemos entender que los artesanos no necesitan ser ‘salvados’ por nadie”, comenta Lulú Rosado, diseñadora de moda egresada de la Universidad Anáhuac Mayab y actual docente de la materia de Moda Mexicana y Artesanal en la misma institución. Su reflexión recuerda que la artesanía no es un mundo detenido, sino un oficio en evolución constante. El mercado artesanal es dinámico, y muchas personas artesanas mantienen carreras sólidas y estables.
Por ello, la colaboración nunca debe entenderse como un acto de caridad, sino como una relación profesional entre pares. Diseñadores y artistas pueden aportar nuevas ideas o tendencias, mientras que artesanas y artesanos brindan su maestría técnica, su historia y la profundidad simbólica de cada pieza.
¿Dónde están los artesanos?
Comenzar un proyecto artesanal puede iniciar con un simple gesto: recorrer los pueblos, observar sus talleres y escuchar sus historias. “Pueblear” sigue siendo la mejor manera de encontrar a quienes resguardan las técnicas tradicionales.
Si se desea conocer a más creadoras y creadores en menos tiempo, Lulú predica que las ferias y exposiciones artesanales son un punto de encuentro ideal. Además, cada vez más artesanos difunden su trabajo en redes sociales, lo que facilita el contacto directo.
Los pasos esenciales
Con amplia experiencia en colaboraciones, Fidelia Ek Góngora (maestra artesana de Tipikal y fundadora de la marca X-manikbée) recomienda tener en cuenta lo siguiente:
- Aceptar que la producción artesanal no es industrial. Cada pieza es única y su valor no disminuye por aumentar la cantidad. El concepto de “mayoreo” no siempre aplica.
- Consultar antes de comprar materiales. No toda tela sirve para todo bordado, ni todas las maderas funcionan igual. Elegir insumos adecuados debe ser una decisión compartida.
- Respetar los significados. Cada técnica lleva consigo una historia y un vínculo comunitario. Conocer los simbolismos evita transmitir mensajes equivocados.
- Acordar la autoría desde el inicio. Algunos artesanos desean que se mencione su nombre y procedencia, otros prefieren discreción. La transparencia evita tensiones y malentendidos.
- No copiar ni reproducir diseños sin permiso. Tomar un diseño desarrollado junto con un artesano para después sustituir su trabajo por versiones más baratas es una falta ética y un acto de despojo.
“Cuando diseñadores y artesanos trabajan en conjunto se cuentan historias nuevas”, afirma Fidelia. Y así es: cuando un proyecto se construye desde el respeto, la escucha y la claridad, nacen piezas que honran la tradición, incorporan la mirada contemporánea y revelan la riqueza cultural de Yucatán. Estas alianzas, cuando se forjan con ética, no sólo generan resultados memorables: fortalecen las comunidades, celebran el trabajo hecho a mano y recuerdan que la creatividad florece cuando se comparte.

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