Colaboración para Arte en letras, David Anuar
¿Dónde se puede comprar el libro Memoria de Gabuch? Actualmente se está haciendo una nueva edición a cargo de Capulín Taller Editorial, que se presentará por primera vez en la Feria Internacional de la Lectura Yucatán 2026. Esta nueva edición será trilingüe, escrita en español, maya e inglés, y estará ilustrada por la artista de collage Alexandra Canto. El libro estará a la venta en la FILEY y en librerías locales de Mérida a partir de febrero de 2026. Adicionalmente, dos nuevos libros de David Anuar serán publicados en 2026: Niño alien o varias formas de la infancia (Premio Iberoamericano de Poesía Minerva Margarita Villarreal) bajo el sello editorial de la Universidad Autónoma de Nuevo León, y Compañeros de juego (Premio Nacional Centroamericano de Poesía Rodulfo Figueroa) bajo el sello del Consejo Estatal para las Culturas y las Artes de Chiapas.
Fragmento del libro Memoria de Gabuch
Febrero 8, 1970
Han hecho un boquete, largo, como de 5 kilómetros. Va del Nichupté hacia el interior de la selva. Es una gran boca sin dientes. Parecía imposible, trabajo de meses. Emilio y yo nos burlamos de cómo se rompían el lomo bajo el sol. Pero un día, cuando la brecha tenía unos doscientos metros, surgieron del monte unos chicleros. Habían escuchado en los alrededores que había trabajo por el Nichupté. La temporada había sido desastrosa, me dijo uno de ellos. Día tras día algo se abría en Kaan Kun. Fue adquiriendo forma con los machetes, la resina y el sudor. Ahí sigue, quieta, mirándome con su ojo oscuro, la brecha (página 57).
la brecha no era nadie
no era Daniel Ortiz
tampoco la selva
ni el brazo de chicleros
era el temor
la gran mano de todos
merodeando
la copra
los ranchos
lo nuestro
Emilio Emilio
no me dejes solo
acuérdate Emilio
acuérdate cómo la brecha
se nos pegó en la espalda
en la juntura de los huesos
Gabuch
el aire está raro
desde que abrieron aquel hueco
los pájaros no cantan igual
hay una herida en su voz Gabuch
¿la puedes escuchar?
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FB: David Anuar
IG: @davidanuarr

Portada de la primera edición del libro Memoria de Gabuch (Instituto de la Cultura y las Artes de Quintana Roo, 2020)

Dolorosamente… Mauricio (extracto)

Me abro paso entre los pasillos del hospital. Junto a mí corren un camillero y una enfermera. Miro de reojo a la mujer y le hablo de vez en vez para tratar de animarla. No está consciente, quizás no alcance a escucharme; pero siempre prefiero hablar a mis pacientes antes de ingresar al quirófano. Quiero creer que sí pueden oírme, allá en el limbo donde se encuentren. Pensar que se guían por mi voz y me acompañan me llena de esperanza y valor. No sé, de alguna manera fortalece mi vínculo y mi compromiso con la persona.
— Tranquila, señora. La vamos a ayudar. Va a salir de esto — le digo mientras avanzamos. Sus ojos están cerrados y apenas distingo parte de su rostro bajo la máscara de oxígeno que lleva puesta.
Me siento hipócrita diciéndole a esta mujer que podré ayudarla. Me he preparado por años para enfrentar la mesa de operaciones, soy meticulosa y precisa en cada movimiento; pero no soy Dios; solamente soy un instrumento… Sé que los médicos no debemos involucrarnos emocionalmente con los enfermos porque terminamos pagándolo con nuestra paz interior, pero no puedo hacerlo. Jamás he podido. Lo siento en el alma, pero no sé actuar de otra manera.
— ¡Mamá!… ¡Alto! ¡Por favor! — escucho un grito detrás de mí, que me saca de mis pensamientos. Es una voz grave y contundente.
— ¡Doctora! — también escucho y reconozco la voz de Matilde, la mujer que trajo a la paciente.
Ignoro la petición y continúo mi camino. Debemos actuar rápido. Ahora que tenemos la certeza del diagnóstico, nuestra rapidez en la intervención es fundamental. Andrea, la enfermera, pide mi atención y me explica:
— Doctora… Es su hijo. Acaba de llegar a Mérida — insiste en un susurro.
Nos detenemos y me preparo mentalmente para poner mi mejor cara de que tengo la situación bajo control. Parte del entrenamiento médico incluye preparar al practicante para reaccionar rápido y no entrar en pánico ante las urgencias; también te instruyen para seguir protocolos e improvisar, pero nunca jamás te dicen cómo hablar a los pacientes o a los seres queridos en momentos tan delicados. Eso lo aprendí con la experiencia de la vida.
Entonces me giro hacia el hijo de mi paciente. Me desorienta lo que descubro en medio de ese pasillo largo, blanco y brillante. Es un hombre muy alto, de cuerpo esculpido, cuyos músculos se marcan claramente bajo la ropa. Su cabello oscuro, con ondas, llega poco antes de los hombros. Su piel es apiñonada, y tiene los ojos de un color que no logro identificar. Sus cejas son gruesas y muy pobladas, y ahora mismo se arrugan en un gesto de dolor. Tiene una ligera sombra de barba. Porta una camisa blanca, con las mangas dobladas por debajo de los codos. Lleva jeans azules que se ajustan a sus largas piernas torneadas. También calza unas botas de piel oscura. Vaya, es un hombre muy, muy apuesto. Decir guapo sería quedarse corta. La palabra no le hace justicia.
Liga a sitio web en Amazon:
Liga a sitio web con investigaciones científicas:
https://redessocialesvirtualesenyucatan.wordpress.com
Redes sociales:
Facebook; se le encuentra como R. Cortés

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