En una ciudad que respira cultura en cada esquina, hay espacios que no solo se dedican a hacer teatro, sino a vivirlo desde sus raíces. La Camarita, con nombre pequeño pero historia grande, es uno de esos lugares que terminan por marcar profundamente a quienes los habitan.
Todo comenzó hace más de una década, cuando Guadalupe Sagredo —egresada de la Escuela Superior de Artes de Yucatán, ESAY— decidió levantar un teatro con sus propias manos, la ayuda de su familia y algunos amigos. Eligió un espacio pequeño y lo bautizó con cariño como La Camarita, evocando un teatro de cámara en miniatura. Desde entonces, se ha convertido en un refugio para quienes creen en el arte como herramienta de transformación.

Guadalupe Sagredo y Lupita López en La Camarita
Una vocación que crece con cada función
Lupita López, quien se integró en 2010 y actualmente coordina la parte académica y logística del lugar, llegó con una larga trayectoria en el teatro comunitario y educativo. Su encuentro con La Camarita fue natural: ambos compartían una misma visión sobre el arte y su función social.
Desde sus inicios, el espacio ha impulsado proyectos para niños, niñas y adolescentes, muchos de ellos centrados en la ecología, la memoria y los derechos humanos. Pero no se ha quedado ahí. A lo largo del tiempo también ha abierto sus puertas a obras para público adulto, manteniendo siempre una línea ética y formativa. “La educación artística es un elemento fundamental para el desarrollo humano”, dice Lupita, y todo en La Camarita parece dar testimonio de ello.

En este rincón del poniente de Mérida, no hay gran presupuesto ni patrocinadores oficiales. Lo que hay es voluntad, muchas manos, y una entrega total al trabajo escénico. Carpintería, vestuario, dramaturgia, montaje: aquí se hace todo, entre todas y todos. Por eso, cada función es también una lección compartida, una apuesta por el encuentro, por la creación colectiva y por el arte con sentido.

De cuerpos presentes y fragmentaciones modernas
Hablar con Lupita es recorrer, no solo su experiencia en el teatro, sino también su mirada crítica sobre lo que pasa hoy con la cultura. “Nos hemos vuelto muy fragmentados”, comenta. Parece que hoy tenemos que elegir: o eres artista, o eres tecnólogo, o eres ambientalista. En cambio, la visión precolombina —esa que ella estudió y se recupera— entendía que todo está conectado: lo que comemos, lo que vestimos, lo que sentimos y lo que representamos en escena.
En ese sentido, La Camarita propone un regreso al cuerpo, al aquí y al ahora. En un mundo cada vez más digital y disociado, el teatro aparece como un acto de resistencia y de presencia. «En el teatro, evidentemente, la base fundamental es el cuerpo. Es el instrumento por excelencia», afirma Lupita, y esa frase, que guarda una belleza simple y rotunda, resume la esencia de lo que ahí sucede.
El teatro que se hace en La Camarita no busca competir con las pantallas; quiere recordarnos que todavía tenemos cuerpo, mirada, voz, y que esos elementos son suficientes para conmover, cuestionar y crear comunidad.

Lo que viene: danza, cabaret y un salto hacia la ópera
El 17 de mayo, La Camarita recibió de nuevo al grupo Queen & Queer, con su espectáculo de cabaret que recupera la memoria escénica de las grandes divas mexicanas. Una semana después, el 24 de mayo, se presentó Teatro Más Danza, un encuentro interdisciplinario que celebra la convivencia entre ambas artes escénicas. Y para cerrar el ciclo, en junio estrenarán El amor en los veintes, una obra con estética del porfiriato que se aventura por primera vez en el terreno de la ópera, con la participación del cantante Luis Oses.
El espectáculo, que nació como homenaje al maestro Fernando Muñoz, será presentado en el patio del teatro, un espacio al aire libre con capacidad para 100 personas.

Una invitación abierta y sincera
La Camarita no solo busca público, busca cómplices. Si tienes una idea, un texto, un proyecto o simplemente muchas ganas de hacer algo en escena, este espacio está abierto para ti. Ya sea un montaje teatral, un círculo de lectura, un espectáculo musical o una clase abierta, aquí hay manos, cabezas y corazones dispuestos a ayudarte a dar forma a lo que sueñas.
La comunicación es directa. Puedes localizarlos en Facebook o escribir por WhatsApp al 9992 15 50 53. Y si decides asistir a alguna función, recuerda: hay apenas 42 butacas. Compra tu boleto con anticipación y no te lo pierdas.
Porque en La Camarita no solo se hace teatro, se construye comunidad, se abraza la diferencia y se celebra, función tras función, que el arte todavía puede cambiar algo en este mundo, aunque sea desde un escenario chiquitito.



