“Nunca creer que se está haciendo algo maravilloso, sino sólo tratar de hacer un trabajo lo mejor posible”.
Gabriel Ramírez Aznar
Con un dolor que resuena en el alma de la cultura, despedimos al gran artista abstracto Gabriel Ramírez Aznar, quien falleció el pasado 20 de octubre a la edad de 87 años. Su paleta vibrante y su pincel se silenciaron para siempre, y eso duele. Su partida deja un vacío inmenso, no sólo en el panorama artístico, sino en el corazón de quienes conocieron su carácter noble y su espíritu inusualmente humilde.
El talento de Ramírez Aznar fue un secreto a voces que rebasó fronteras. Desde su natal Mérida hasta los rincones más lejanos del planeta, su obra es celebrada y reconocida a nivel local, nacional e internacional. Sus creaciones no sólo embellecieron numerosas galerías a lo largo de México y el extranjero, sino que también se encontraba en lugares especiales para su corazón por ser propiedad de amigas y amigos entrañables, como es el caso del restaurante Manjar Blanco y la escuela preparatoria Gonzalo Cámara Zavala.
Su obra y trayectoria también ha quedado inmortalizada en una vasta bibliografía de arte, enriqueciendo incontables libros y colecciones. Incluso, recientemente su invaluable vida y trayectoria fueron honradas con un documental como tributo a su contribución al arte moderno.
Su estilo abstracto evolucionó a lo largo de las décadas, manteniéndose siempre fiel a una fuerza expresiva inconfundible. Observar una obra suya es sumergirse en una explosión de colores y formas que danzan con libertad, llevando el sello personal del maestro. Él mismo hablaba de su obra, en entrevistas y charlas de sobremesa, diciendo: “Lo que mi pintura es, ni yo mismo lo sé”. Tanto en sus lienzos de caballete como en su faceta como escritor e investigador de cine, su toque era inconfundible: una abstracción lírica que invitaba a la introspección y al deleite visual.
Algo que hay que destacar es que el maestro Ramírez Aznar siempre buscó la renovación íntima y natural en su trabajo. Una de sus exposiciones en el Museo de Arte Contemporáneo Ateneo de Yucatán (MACAY), titulada «Gabriel Ramírez, hoy», recogía su obra más reciente y su filosofía. En ella, afirmaba que: “no es de afuera, en la moda, donde encuentro el principio de cambio, sino en mí mismo, en una necesidad íntima de renovación natural… Yo soy sólo un pintor muy pocas veces satisfecho con su trabajo y con resultados que no son nunca los esperados”.

Lo que hace su ausencia más dolorosa es recordar la esencia de Gabriel Ramírez. Siempre fue un hombre de amabilidad innata y espíritu profundamente enemigo de los reconocimientos públicos y de los reflectores. Nunca buscó la fama ni el aplauso estridente, su mayor satisfacción se encontraba en el acto puro de crear y en la calidez de las reuniones íntimas.
Recuerdo una entrevista con él hace unos díez años para el Diario de Yucatán. Fue en una mesa del restaurante Manjar Blanco, rodeado de sus obras y amigos. Y, más que trabajo, ese mediodía se convirtió en una reunión entre amigos. Más de dos horas de charla, anécdotas y sonrisas que hicieron brillar sus ojos azules, esos que, en combinación con sus manos y su talento, veían el mundo de mil colores. Al final de la reunión se negó a una sesión de fotos con el pretexto de que ya teníamos muchas en nuestro archivo. Sin embargo, aceptó de inmediato una conmigo, la cual atesoro al lado del libro Gabriel Ramírez. Los colores y las líneas, publicado en el 2015, y que contiene una dedicatoria para mí en sus primeras páginas.
Su despedida reflejó su forma de vivir: un funeral íntimo, rodeado únicamente de sus familiares y del círculo de amigos cercanos, aquellos con quienes compartía su vida y sus pensamientos en las reuniones semanales que tanto atesoraba. Nos queda el consuelo de su extensa obra, un testimonio permanente de su genio. Sus vibrantes colores seguirán gritando vida en cada galería, en cada pared, recordándonos al artista que prefirió el susurro sincero de una conversación entre amigos al estruendo de los grandes homenajes.
“¿Y todo ese esfuerzo? Todo ese esfuerzo es simplemente para traer un poco de ilusión que haga soportable la vida”.
Gabriel Ramírez Aznar
Descanse en paz, maestro Gabriel Ramírez Aznar. Su arte perdurará.

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